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alfonso salazar

SOL Y EDADES

(BOLERO DEL AMOR MATEMÁTICO Y OTROS POEMAS)

 

ANTOLOGÍA Y PREFACIO: ERNESTO PÉREZ ZÚÑIGA

 

 

Alfonso Salazar (San Fernando de Cádiz, 1968) vive en Granada desde hace más de veinte años. Colabora habitualmente con revistas y periódicos, para los que escribe artículos de ensayo. Fue accésit del Premio García Lorca de Granada en la modalidad de cuento (Placas turcas, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Granada, 1994) y fundó las revistas El Erizo Abierto (de literatura erótica) y Letra Clara (de la Universidad de Granada). Publicó algunos opúsculos en la editora independiente Ediciones del Vértigo, Granada (Dos poemas kantianos, Poemas del mal tiempo) de la cuál fue partícipe en su creación. Dirigió el programa de poesía en radio La Plaza Humana, actualmente en formato de revista digital (www.laplazahumana.com). Ha publicado la traducción de Consejos a jóvenes escritores de Charles Baudelaire (Celeste, 2001) y el poemario Sol en otro barrio (Ayuntamiento de Málaga 2002). En narrativa ha publicado Cuentos del Harén (El harén de Arquímedes, Granada, 1997).

 

 

El vagón más escondido

 

Lector, "si no viajaste en la poesía" o si ya eres uno de sus antiguos pasajeros, bienvenido a esta antología. Su publicación es un tren que llega con retraso, pero llega al fin. No tuvo prisa. Para que el raíl note el peso de cada punto de la rueda. Para que los versos posen en el tiempo.

Sin embargo, la voz de su autor no es desconocida. Han sido muchos los recitales donde ha centrado la atención de la escucha, sobre otras voces que han conocido antes la letra impresa. Y es como si hasta ahora el aire hubiese sido su destino, pues numerosas canciones de Alfonso Salazar han sido interpretadas y grabadas por cantantes. Pero no sólo el aire. Gran parte de las actividades literarias que sucedieron en Granada en la década de los noventa, tuvieron a Alfonso como participante o, más a menudo, como organizador de las mismas: antologías, premios, revistas, alternativas editoriales, congresos y lecturas. Una biografía de su trabajo literario y poético, en publicaciones periódicas o en la oralidad de un momento, parece bibliografía de Aghata Christie. Y asunto de una de sus novelas la razón por la que este poeta no ha publicado hasta ahora ningún libro que tenga sólo su nombre.

Una de las razones es, sin duda, que las colecciones de poesía que hay en Granada suelen canalizar el goteo de sus ediciones para los que cultivan las mismas semillas en tierra de un sólo "amo". Como en otras ciudades, en Granada hay amos de varios gustos. Quizá menos. Pero a quien no desea amo alguno ninguna tierra se le ofrece, a pesar de ser saludado en todas las lindes. La historia de la edición es también una historia del poder.

Es cierto, por otra parte, que Alfonso Salazar ha hecho muy pocos esfuerzos por publicar su obra. Ésta es la otra razón, mucho más importante para la historia de la poesía. La vanidad y el atolondramiento de amos y jornaleros apresuran la publicación de muchos poemas -más y más nombres, más y más escaparates- innecesarios para un lector acostumbrado a "viajar en la poesía". Es obvio que el mejor jurado de la obra de un poeta es el tiempo. Aquel que no se precipita en imprimir sus versos, los tacha, los rescribe, los relee y los destruye, hace como el agua en la arenisca: deja el mineral poético a la intemperie. La historia de la poesía es también una historia de la renuncia.

La selección que sigue a estas palabras pertenece, pues, al conjunto de la obra poética de Alfonso, mejor dicho, a lo que él ha decidido conservar de la misma. No sobreviven los poemarios anteriores a 1991: Claudia, o El amor que vino de las guerras. Sus versos, mariposas de una noche, volaron en recitales de los años 89 y 90 y después desaparecieron. Permanecen los posteriores a El Ginebra, algunos de los cuales, como El bolero del amor matemático (1992), se convirtieron en clásicos de una ¨poesía oral¨ que ha propiciado un encuentro cotidiano entre los poetas de los últimos años y el lector de poemas.

Había bares que organizaban lecturas a la que asistían muy pocos clientes, dentro de una programación de conciertos -y alguna representación teatral- mucho más concurridos. En la penumbra, el lector de Borges o de Cernuda, sentado en una mesa, con un vaso en la mano, prestaba atención a los versos que eran leídos nerviosamente por un grupo –dos, tres- de poetas jóvenes -más bien, jovencitos; más bien, poetillas-. Si gustaban los poemas, el lector volvía a la siguiente lectura acompañado de más lectores. En el trascurso de dos o tres años, acudían cada vez más numerosos. En las noches de aquellos tiempos, se pedían las bebidas en la barra, mientras el encargado apagaba la música y templaba la luz. La gente se volvía hacia el escenario, callando. Y Alfonso comenzaba su lectura con una voz que leía versos tiernos sin afectación alguna. Versos conocidos o versos recientes. Alfonso sabía emocionar los oídos nuevos. Los ojos brillaban de atención o se ocultaban bajo la introspección del párpado. Los labios se entreabrían al jardín secreto. Y Alfonso dibujaba en verso las luces de Manhattan. Ventanas del poema. Contraventanas de la emoción. Se mueven en el aire que lo pronuncia.

Como la concentración de humo que hay en la brasa roja de un cigarrillo, la poesía de Alfonso condensa emoción en sus poemas. Así definió en su Diccionario de poesía emocional la famosa interrogación de Bécquer: "Residuo emocional que reposa en cualquier movimiento, ser, situación, fenómeno, elemento, sensación, inteligencia, pensamiento, creación o sensibilidad". ¿Y tú me lo preguntas? De esta manera, el poeta es el que sabe expresar esa emoción en un escrito. ¿Un poema? También. Siendo la música un vehículo privilegiado de la emoción y el verso una estructura musical que se vale de palabras, el poema parece más adecuado metal conductor de la poesía. Poesía no eres sólo tú. Sino todos los pronombres. El poeta los hace sujetos del poema y les hace conjugar los tiempos poéticos. Y así Alfonso utiliza una de sus metáforas preferidas: "Esta añoranza que ha de conjugarse como el futuro imperfecto". Léase Sintaxis de amor, la canción que pone fin a esta antología.

Alfonso cita a algunos poetas en sus libros: al Aragon de las Habitaciones, a Papasseit, a Maiakowski... Todos ellos preocupados, más que por la perfección del verso, por la autenticidad del poema, en el sentido del párrafo anterior, y también por la búsqueda imposible de un canto común: la libertad de la rabia y de la ternura que ha padecido y reflexionado el mundo, puesta en palabras, se devuelve a ese mundo, para que cualquiera las tenga a su alcance. Es un decir. Pero no es casualidad que una coloquialidad lírica se adentre en la estética de los poetas mencionados. La musa se ha vestido de vaqueros y, además, lleva una varita mágica que convierte la ropa en piel y las cremalleras en estrellas fugaces.

Alfonso cita a Javier Egea, cuya influencia se puede rastrear en una metaforización de la sentimentalidad para expresar –explicar- las victorias y derrotas de la condición social e íntima de lo humano.

Alfonso cita a Pessoa.

Un poema maduro ya no pertenece al poeta. Suele suceder todo lo contrario con sus primeros poemas. Digamos que nadie los hace suyos al leerlos. Aunque estén bien construidos, se devuelven al poeta, porque todavía le pertenecen demasiado. Es como tropezarse con una mano cortada en la lectura. Inmediatamente uno quiere apartarla de la página o, si se es amable, buscar su propietario para entregársela. Tome usted. Tenga más cuidado. No deje a sus poemas sueltos.

Sin embargo, el poema maduro es una criatura sin dueño. Tiene el contorno de su estructura y pulmones donde respira el verso. El lector se lo encuentra en un libro como a un semejante de palabras. Y ambos, lector y poema, establecen una relación que será diferente a la que cualquiera, incluso su autor, mantendrá con el mismo poema. Porque ya está escrito para que sea un objeto más de la existencia. No un excremento azul del poeta. Un alfabeto sí. Con el que pueda hablar quien quiera. Donde el lector halla su propia voz.

Quizá jugando a disculparse de la calidad de su obra, Borges dijo que el azar le daba versos que podía haber escrito cualquier otro. Pessoa hizo de esta idea su obra, escrita como voces distintas por autores distintos -entendiendo por voz, estilo más ideología-. Por supuesto, no se trata de que el poeta habla por todos, puesto que éste es sólo un instrumento que usa la existencia para expresarse, el orificio de la tierra desde el que vuela el géiser-poema. Es el poema el que habla por todos o, mejor dicho, son todos los que hablan en el poema.

Alfonso, que ha hecho desaparecer sus primeros versos, cita a Pessoa. Y esta concepción poética alienta muchos de los poemas que ha conservado. Sin embargo, siendo una concepción utópica, produce de manera natural -pez que inventa el agua- la ironía.

La leemos en su plasmación más pura en los poemas recogidos en el poemario Crucigramas y autodefinidos (1996), donde las palabras del azar son juntadas para decirnos que un poema puede ser cualquier cosa, si al lector le da la gana que lo sea, dado que éste sufre la maldición de convertir en significado todos los significantes que se encuentra, como Midas el oro. Por ejemplo:

 

En las tinieblas Atila

sobre su fragata, raro

de lepra el godo,

raso y áspero en una orla

oye a Constanza.

 

El título de este poema, Verticales, sugiere -sea cierto o no- que el método de su composición ha sido jugar sobre el crucigrama de un periódico a crear un mundo de versos donde no había otra cosa que la nada y el absurdo. Y acaso Alfonso quiera demostrar que, aunque la nada y el absurdo se ordenen según el capricho de cualquier creador, tarde siete días o diez minutos en hacerlo, siguen siendo nada y absurdo, por mucho que parezcan universo con sentido. ¿No es ése también el peligro de la literatura y de los ¨poemas sin poesía¨, tan abundantes, por cierto, en las publicaciones de hoy?

Es el mismo poeta el que escribe un año más tarde:

 

El cielo se enrojece de vejez y amor

y toma una rosa en los labios.

 

Donde el poema se desnuda de cinismo para dejarle todas las palabras a la poesía de la emoción. No hay otra. Pensamiento, imagen, juego; sin emoción, son a la poesía como el trapo a la carne, como la marioneta al hombre: industria humana, no sangre del día. Hay un paso -¿hacia atrás?, ¿hacia adelante?-, más allá del Homo sapiens: un Homo poeticus, diferente a aquél en su capacidad de captar la emoción de la realidad -la realidad de las rosas- como existen ojos capaces de observar el calor del asfalto -no hay nadie incapaz; sino quien lo pasa por alto. Sea lector o escritor o ninguna de las dos cosas, hay quien sabe dónde se esconde la realidad que reside en otro lugar de nuestros afanes. ¿Quién? Alfonso nos lo dice ya en El Ginebra, el que ha elegido para que sea su primer libro:

 

quien parte en el vagón más escondido

de otro amor. Escondido a ti

si no viajaste en la poesía.

 

 

Ernesto Pérez Zúñiga

 

BOLERO DEL AMOR MATEMÁTICO

(1992)

Si te escribo cartas de amor y boleros

es amor la consecuencia matemática

de toda la espera, toda la distancia,

una ecuación amor, la desnuda fórmula

que lejos de métodos, reglas y formas

desemboca en positiva desazón.

Posiblemente amor por ser el amor

la trágica ecuación de segundo grado,

entonces tú en incógnita te conviertes,

derivada, integral, número entero.

Dime cómo podré, cómo elevaré

amor, todo tu amor de raíz al cuadrado.

Quizá se tratase de no conjugar,

amor mío, esa fiel regla de tres,

se tratase de escapara por la tangente,

dividir tus partes, dividir mis partes

y restar por no poder multiplicarte,

por no hacer un hoy por ti, mañana por mí.

Y seré bolero, pura matemática,

un número quebrado en todas tus cartas,

quebrado en la espera, quebrado en distancia,

para poder olvidar amor tus áreas.

Dime cómo podré, cómo olvidaré

las sábanas paralelas de tu cama.

Querida incógnita, la equis de mi amor,

polinomio de mi vida y de las tardes

que escribo, cuando añoro tus cosenos

y teorizo el signo igual de cada beso,

invento el factor común de tu recuerdo

con el signo aproximado de un orgasmo.

Si te escribo cartas de amor y boleros

es amor solamente para decirte

cómo esta pobre ecuación se hace tan nuestra,

que por aritmética, no admite error:

que mis días si llegan se hacen más largos,

se elevan al cuadrado cuando no estás.

 

EL GINEBRA

(1991-1993)

 

 

De la flor intratable de los tiempos pasados,

de la aventura, de tanto amor

que ha sido escrito,

del veneno de la soledad

vengo a decirte.

LOS MUELLES

 

I

Ginebra de las venas, corbeta para el viento.

Olor de las mañanas, jazmín, rosa y tabaco.

Ella desciende triste ascensores tempranos,

la tarjeta en la mesa dice de su tardanza.

Ella desciende triste el umbral, la memoria

y yo estoy deshojando todo el tiempo que tarda,

cruza el pasillo, sigue, y parte así la calle:

la mañana tan turbia, el Ginebra encallado.

Ella desciende triste al asfalto mojado,

al eco temeroso de la palabra antigua

que acerté a decirle, cómo te amo amor,

cómo te amo.

Ginebra de las venas, corbeta para el viento.

Olor de la mañana, salubre jazmín,

sucio tabaco.

 

 

LOS MARES

I

Sabes que la he dejado en el malecón.

Que por ella he abandonado mi vida.

Que me hice a toda vela en la noche abierta

de sus ojos,

y no he llegado a puerto.

Porque temo la soledad de los domingos de enero,

porque temo ese cuerpo que para una noche, dices,

porque temo que la noche abierta se suceda

en el viaje sin retorno a sus playas y sus calles.

 

 

III

Tú no conoces mi dolor

eres la piedra fría

el tiempo frío

de la escarcha

templada

tú no conoces el dolor

eres la mano fría

espacio frío

de los nombres

cerrados

 

IV

Si en la calle, amor, si en la calle

este día primero de otoño

ausente tú y el verano pasado,

si en la calle, que es metáfora,

concibo el paisaje inútil,

la despedida, si brutal la amargura

concibo.

 

 

VIII

(EL EMPALAMIENTO)

Su cuerpo hasta el alba se hizo camino

a través de la lanza,

antes de mediodía

florecía

en su boca un beso frío.

 

XII

qué pausada su voz ha venido a decirme

que siempre el horizonte de sus ojos tan verdes

tiene el nombre de otro

XIII

cómo decir tu nombre para nadie

en la desconsolada amplitud de las islas?

cómo ser ahora profesional del olvido?

 

EL ÁRBOL

 

VI

No quiero decirte

todo el tiempo que empleo

para encontrarte en plena calle

y vestir la situación

de pura casualidad.

 

LA ENTREGA AL MAR

 

a lorenzo,

navegante conmigo

desde mi principio.

 

LECCIÓN DE LENGUA

 

Ahora empiezo a retomar aquel tiempo

que nos frecuentaba más a menudo,

el viaje que no hicimos a Lisboa,

la noche hasta altas horas de la madrugada

y caminar siempre jóvenes la ciudad.

Bebíamos cerveza con tiernos pasaportes

que nos conducirían a la gloria,

que dan sentido a la estima en tono de recuerdo:

porque el amor que trepa hasta nuestra adolescencia

tiene esa certeza que engendra la juventud.

Ahora empiezo a retomar aquel tiempo

en el cual nos frecuentábamos más a menudo,

cuando recitábamos las lecciones de lengua

en tu casa, a resguardo de la lluvia y esta añoranza

que ha de conjugarse como el futuro imperfecto.

Quién iba a decir que te recordaría tanto,

que verte de nuevo alimentaría nostalgia,

el recuerdo de aquella habitación en el sur,

la plaza nueva abierta en flores

mientras desde el puente sonríes.

Hubo de coincidir tu muerte con mis exámenes,

como coincidieron mis caricias y las tuyas,

ahora que me haces falta, ahora te veo,

y ni sé cómo ha llegado el puerto a esta ciudad.

Es necesario decir que yo te hubiese amado,

es necesario aprender cómo vivir sin ti,

cómo hacer abominable el recuerdo.

Es necesario ser forastero, en tu memoria.

 

 

LANZAMIENTO AL MAR

 

Cuerpo cargado de ternura,

desaliento de mi vida.

Enjambre de manos frías,

oscurecida habitación.

No sé si la sonrisa que no existía.

No sé si la helada frente.

Si la lluvia en la calle.

No sé qué recuerdo será testigo.

Cuerpo cargado de ternura,

oscurecida habitación.

Enjambre de manos frías,

desaliento de mi vida.

 

 

OPOSICIONES AL OLVIDO

 

Para luchar contra la memoria

y tu presencia,

para estar en estas vidas nuestras

como de paso,

y no ser ya el camino el escrito,

ni sean los faros

aquellas noches de noche quieta.

Para no ser,

ni escribir poemas desalentados,

juegos de tiempos

verbales, para tachar la historia

estudio y estudio

la manera de evocarte siempre

fuera de mí.

Así es el olvido.

 

APOGEO Y CREPUSCULO DEL CAPITAN

Por el puerto íbamos juntos y siempre

bajo un sol como si marzo llevase

dentro el veneno que palpa la suerte,

la aventura, borrachos de nosotros

y todo el puerto sometido a un beso.

Y con el tiempo, porque fue en abril

y con flores cerradas, con el tiempo

todo mi amor por cubierta y hundido

todo mi amor quedaba.

 

 

POEMAS ALENTADOS

 

AVISO A LOS NAVEGANTES

Buscar el lado oscuro de los proverbios ciegos,

el estómago de la entrega, los cuartetos de invierno.

Dividir en el agua la flor viva, la flor muerta,

proponer un idilio, no desmoralizarse

si se anuncian lluvias, enredarse en la risa

que nos da Beatriz rubia en sus cuarteles tiernos.

Ser siempre pulso herido, sonda profunda, brava,

exagerando el tiempo,

de mis amigos, compañeros siempre.

 

TÚNELES

 

quien crece a la sombra de otro amor,

quien crece y estima el momento,

el latido, el mordisco de tiempo,

quien crece y cree en las cercanías

de trenes infinitos y abrazos

que desmesurados dicen adiós,

donde el andén es ligero en el recuerdo

y esta memoria recorre los campos

de la infancia feliz del sur

de la adolescencia del norte perdido.

cuando de volver se trata y la ciudad se parte

hacia el otro instante en linea recta

y el cambio de raíl tortuoso

o de tus labios, y esta noche

de la ciudad y hacia la ciudad se va,

cuando de volver se trata

se parte en el vagón más escondido.

quien parte en el vagón más escondido

de otro amor. Escondido a ti

si no viajaste en la poesía,

quien de otro amor parte en tren vencido

anudando en el cielo gris

la aldea separada, la voz partida,

viaja esta ocasión como si última.

este que ves, en el horizonte

paralelo a todo recuerdo,

la mala muerte y la cabeza fría,

éste recorrió el camino del carbón

y la dulce sonrisa,

éste que parte puede decirte:

que te espero en la boca de los túneles

y en el amor.

 

ARTE DE DADOS

(1995)

 

Ailleurs

Yo quisiera ser como el hombre que pasa

con su maleta.

Yo no quiero ser otro.

Quisiera otro lugar,

los días en otro lugar,

definitivamente.

 

LAS CITAS PERDIDAS

Falta una cita de Pessoa

Porque buscaba en ti, corrió la calle sola,

solo tan solo y sola y siempre el miedo aquél:

cosas que no se dicen y saber que no estás,

labios que no se dieron y saber que no estás.

Dijeron que te vieron. No sabes cuánto duele.

Qué haré si me circunda ese pájaro gris

que conduce mis pasos, me lleva hasta tu calle

y cada vez su nombre se dice más ajeno.

Siempre diré, lo nuestro fue distinto.

Siempre diré lo nuestro será siempre,

a fuerza de decirnos lo nuestro no se pierde.

Sabed que entonces fuimos y siempre los más jóvenes

buscando compañía en el camino.

Llegamos hasta aquí para ser los más libres.

 

 

SOBRAS DE AMOR CONOCIDO

 

 

 

Como se dice, el incidente está zanjado.

La barca del amor

se ha estrellado contra la vida cotidiana.

Estoy en paz

con la vida.

No vale la pena

enumerar dolores,

malos momentos,

ofensas mutuas.

Vladimir Maïakovsky

 

I

Pero no vino. Había

kilómetros y kilómetros

de uno a otro.

No llamaba, pues había

kilómetros y kilómetros

de uno a otro corazón.

Oídme bien: yo sé cuando

llega el final del final,

siempre el mismo

cruce fatal en el pecho

y ese amor que se desnuda

y parece otro.

Esa frialdad en la carretera

de uno a otro corazón.

 

 

III

Ya son las dos y me pregunto

de dónde viene el cuerpo que soy,

porqué me adora

la noche fría que es la noche

de la vida.

Me pregunto porqué no frecuento

los abrazos cuando me faltas.

Y me pregunto desde la noche fría

que es la noche de la vida,

hasta cuándo estarás siendo la sobra

de la luz que me diste.

 

 

LÍNEA DE SOMBRA

SOBRA DE LUZ

(1996)

 

un carrete velado

fue nuestro amor

Cuando la edad te marque por la piel

los surcos, las heridas,

cuando envejezcas

no quedará un recuerdo de este abril

sin fortuna

Furtivo entré, cazador

en los cuerpos de las islas.

Feliz fui y fui señor

de tierras que se me abrieron.

Atrás quedan tan suaves

sus largos dedos, de otro.

Zarpa el barco a la tormenta

y una sombra cruza el puerto.

Trabaja el pensamiento

a destajo en cien metros:

tengo dificultades

para ser mártir

de ángel tan dulce.

El mundo es la sombra del espacio.

La vida es sombra de tiempo.

Mi vida es sombra del tiempo despacio.

 

 

LA ESPERA

No busco el día de ella al fin.

Si busco el día de ella al fin

es que nada ha terminado.

Y todo dice que todo ha terminado.

Por eso este día parece traer algo escondido,

pues algo escondido espero.

Cuando acabe y me recoja la noche

la calle vacía después del trabajo

y no tenga sentido traerme

hasta su puerta, y no espere

verla de pronto,

entonces ya no podré buscar

y puedo mirar el día

pensando que nada trae

y nada espero,

que todo ha terminado. Todo.

 

 

COMUNICACIÓN SEGUNDA

Cuando los veo caminar juntos supe

que yo siempre soy el triste intruso

que aparece cuando abandono mi soledad.

Yo era el pequeño teorema de su vanidad

que molía el corazón en sus ojos azules.

Cuando los veo caminar juntos

añoro el vacío de mi soledad.

 

ADAPTACIÓN CLIMÁTICA

Elegías y otros poemas

(1995-1996)

 

OTRA ESTRUCTURA

 

Para poder decir nuestros contemporáneos,

la información estricta, la opinión de la calle

-aprobada ya la muerte del romanticismo-

el mal desasosiego, la razón infundada

del trabajo común, diario, rutinario

que se llega y te absorbe

dejando la cabeza en la pantalla fría,

en el papel de mesa y los ladrillos húmedos

del edificio en construcción

que hay cerca de mi casa.

Para poder decir, vacío más vacío

que la muerte tú eres,

busco y rebusco otra estructura,

un lugar del entendimiento,

un día del ladrillo libre y arrojadizo

contra el cristal de siempre,

contra el cartel de siempre

que sobrevive en su sonrisa,

contra la muerte misma

de las vidas privadas.

Para poder decir, puede más la mentira

que tus mentiras,

más el presente turbio

que nuestras esperanzas,

y no ser, no sentir

el lenguaje más oscuro

del corazón saliendo al exterior

que se envenena, se atraganta, se muere

por otra inanición: esas palabras

las de la ciencia, o las del miedo.

Diré, amor, tú vives

en el atónito lugar que busco,

en la sorda palabra que me espera,

en la otra estructura de los ojos

que miran la sorpresa.

Si está el corazón encallecido

que no se sobrepone,

si andamos juntos pero más perdidos.

Pero en otro lugar, amor,

están las luchas.

Allí se construye.

 

 

CIUDAD DE LOS IGUALES

 

Entre nosotros dos hay una pena

como manzanas rojas

y ciudades lejanas.

De ninguna manera

en ninguna ciudad puedo esconder

el paso oscuro, el sinsabor oculto

de sentirse perdido, y no por ti,

y no en ti,

pues la biografía son los libros abiertos

más anchos que el amor y el olvido.

Y en los capítulos leídos

donde viajase ya una vez,

una propensión sorda

nos hace ver su lectura,

el futuro, en el vientre de las aves.

Yo sé que ninguna ciudad,

ninguna distinción me puebla el alma,

ninguna luz, ningún paseo triste

corresponde a la geografía

de los barrios o me responde

desde los puertos

de vietnamitas míseros,

desde cuestas antiguas,

desde calles más llanas,

desde el propio corazón

que alaban las ciudades.

La ciudad sólo encierra los recuerdos

y cuando hace mella el olvido

se responde a la pauta por amor

marcado en corazón, separatista.

Ciudades de la nada

y concreta en fotografías,

postal y sensación

del recuerdo encerrado, el estupor

de cada noche y el rincón del beso,

de la plaza de siempre

y de la plaza como toda plaza,

esquinada, vacía, sin sorpresa,

ciudad reconocida por ciudades,

bajo los bombardeos, bajo los amoríos,

bajo los soportales,

bajo la escondida traición

de quien trama el asalto,

el navajazo a la alegría,

de quien no busca en la ciudad

más pertenencia que el lugar común:

un paso tuyo aquí, la muesca mía allí,

un olor en el aire del pan recién cocido

o del aliento amargo que trae la madrugada,

serpientes del recuerdo anidan la ciudad,

en la muralla antigua

aún por demoler y tras la yedra.

Y estaremos varados a la vez

en las puertas de los grandes almacenes,

en las cartas de vinos y menús,

en los paseos y los parques,

en los escaparates a la vez,

en el espejo de entrada el abrazo,

a la vez las señales

en las playas y desde una canción

a la vez, en el estupor, la sorpresa

en la televisión, a la vez los periódicos

publican nuestro nombre, los objetivos

nuestro vacío,

donde no están los cuerpos

en las fotografías

y sí un retrato del tiempo,

raptada y comprimida la nostalgia,

a la vez en los bosques,

a la vez en los puertos, las islas,

las fotografías más extendidas

y por los paraísos

pasados y presentes, cerrados y abiertos,

tan quietos a la vez, establecidos.

Tan establecidos en un regreso

hacia los tiempos que no conocimos.

Ciudades de montaña

y ciudades del mar

sin más tenencia que su suerte lenta,

que la caída de la noche

sobre los alacranes.

No me reconozco en esta ciudad

si no estás,

como no reconozco en el olvido,

omo no me sé en el amor

al otro lado de la verja.

Nada tiene su nombre cuando acusa el olvido,

si niega la memoria

la brecha que iniciamos

y queda en la del futuro,

la de los más cobardes,

en al esperanza absurda de quien se mata en presente,

en las islas, los puertos, el lugar

mítico donde el ojo dio la vida,

donde murieron los mestizos ojos

de quien nada conoce y no distingue.

Ciudad de la mitología,

el idioma, el acento,

el sonido fluvial de agua marchita,

las flores sobre el agua, las palabras,

ese olvido, costumbre de sentir,

de no amar esta acera si no estás.

¿Es el amor tan cruel,

tan fiel en estas calles,

fijo en el adoquín,

perpetuo en la fachada,

cansado por la ventana

mirando, arrojado por el balcón,

sepulto en tierra, caído?

Es la ciudad traición, que se trastoca

canalla, amable en puntas y espigones

que me ofrecen las sendas de los montes

y ramas repetidas de aquellos mismos árboles.

Adaptación climática,

desazón desde la igualdad,

desde la misma acera

con distintos cortados,

del mismo paso con huella distinta,

con el emigrante de los iguales

en cada ciudad.

 

POEMARIO CULINARIO

-RECETAS DE POESÍA-

(1996)

 

Pasta con beso fundido

 

1 kg de pasta

orégano

1 kg de beso

salsa de tomate

Hierva la pasta con aliento.

Espolvoree el orégano

en el agua hirviendo.

Caliente el tomate en la sartén

y extiéndalo en el fondo de un plato.

Deposite la pasta al dente

sobre el tomate caliente.

Funda los besos y déjelos caer.

 

 

Amor con leche

1 Kg. De amor

1 litro de leche

3 suspiros de paso

1 par de manos

Deposite el amor sobre un cazo

vierta la leche despacio,

remueva por dentro,

sienta fuerte.

Deje reposar

entre suspiro y suspiro

al fuego lento del reposo.

Utilice las manos,

acaricie el plato.

Busque el ombligo,

y sírvase frío.

 

 

Buñuelos de tiempo

½ Kg. De harina

1 Kg. De azúcar

250 gramos de azúcar de caña

media docena de huevos

un reloj

aceite

Mezcle bien todos los ingredientes.

Mire fijamente cómo se deshace el reloj.

No olvide la hora que marcó

en el último instante.

Haga formas caprichosas, deje pasar el tiempo

sin preocupación.

Sople en el aceite cuando deposita las figuras.

Deje enfriar.

Oiga el cucú de cada buñuelo.

Haga campanillas mientras come

y señale la hora con el corazón.

 

 

CRUCIGRAMAS

Y

AUTODEFINIDOS

(1996)

 

1

VERTICALES

En las tinieblas Atila

sobre su fragata, raro

de lepra el godo,

raso y áspero en una orla

oye a Constanza.

 

3

HORIZONTALES

Los infalibles eludieron el Nilo.

En sus rizos un Ródano de cianuro

tamizaron,

como en el aro esotérico.

 

4

HORIZONTALES

El polvoriento Oka

como misal del sur,

la sed del azor

en el ramal

deja en hemorragia.

 

6

HORIZONTALES

Me emociona el tafetán

en el gabinete del Polisario.

Toca su gola el rinoceronte.

En la cercana rasilla

posa un anafe el baturro tísico.

En el párpado riza un candado,

la pécora de Onán toma el maletero

y en una morocada la ciática me tañe

en socarrona asonada.

 

7

AUTODEFINIDO

El manual épico del álamo

en su médula amena invita

al grosor que denegabas Nerón agorero.

Liso el menú, económico

irrita la soja, el maní, el corazón

retrata Trajano el fresón, aman el anís.

Y el eco abre, reseco sale

el meollo enológico, flojo Adriano,

rota la asna,

acoge el ion añil en su útero.

La eutanasia audite a los ricos de Tarazona,

los terrícolas motivados por el mus áureo.

Ilesos los erales piaban,

el brut catan y la crónica

rueda en las alas del Rosario.

La mora se rebela,

reconoce la luz, suda el ojo,

imita la olla el ornato de Augusto.

Ilógica la abeja boga

amén las tasas.

Alienada la Rusia menor orina

un uro voraz en la red del pino.

Anómalo fin que anula

y ovala, que basa y elige

la osera y arrima atónito

el euro campeón.

La urea de la Rioja, Claudio,

en pro de los polizones de Orellana,

visita e imanta Libia y sus ranas.

Cósenos, leo la estaca, barón,

en el féretro sano.

 

8

 

VERTICALES

El parlamento de Lautaro

con gambas del INEM

y basiliscos como nereidas,

a Romeo dan subsidio

insano.

Donizetti, astroso

como escolar sisea.

 

 

POEMARIO

ENFERMO

(1996)

 

El hombre y su enfermedad

 

Camina torvo y mira.

Su enfermedad es un sueño constante:

anuncia el cansancio,

se pasea por el tiempo quieto

como si no pasar por la vida

no hiciese pasar la vida.

Mira los teléfonos,

se ve solo ante la radio,

solo en la mañana fría,

se ve más solo dentro,

donde el frío,

y decide dormir sin justicia,

dormir su muerte sin el sueño de los justos.

 

 

 

 

Los síntomas

Sobra de luz

Si por andar a su sombra

y seguir en sus sonidos por no ser más uno

como nunca fui,

si por estar a su lado

y no perseguir más esperanzas,

ni más dolores, más rosas,

más cármenes, más laureles,

irenes, margot, jacky, eva.

Más sombras me da la noche.

Si por tener sólo un nombre

me ofrecen la luz,

al triunfo del sol

alacrán mío,

me acojo.

 

 

Enfriamiento

Cuando lleguemos a la frontera,

compañera,

cuando no nos dejen seguir

los perros de la guerra habrán vuelto.

Cuando no nos dejen seguir

saldremos a la calle,

colocaremos carteles

como antes,

carteles que dirán:

HOY EMPIEZA

LA REVOLUCIÓN

y no podrán arrancar

lo escrito a fuego

por las paredes.

 

 

Las enfermedades

 

 

Pérdida del equilibrio en el oído externo

También las voces

son espejo, cristal

donde mirar adentro.

Miro la calle a través

de ventanas cerradas.

El sonido contrae la presencia.

 

Recetario

 

Manual de fines y cabos

Al fin y al cabo todo se consigue,

se hace de cada día una conquista,

estar junto a ti, la supervivencia,

y esto es la evolución, al fin y al cabo.

Al fin y al cabo, y desde el cabo al fin

por el azul marengo de tu traje

puedo vivir.

Basta decir hasta mañana por saber

que mañana amanecerás aquí.

Al fin y al cabo, si todo termina,

al cabo aplicaremos la rompiente

de tu otro tiempo, por las esperanzas

de seguir adelante.

Al fin y al cabo, y desde el cabo al fin

por el azul marengo de tu traje

puedo vivir.

 

LA REALIDAD

DE LAS ROSAS

(1997)

 

La realidad de las rosas

Me diré entonces,

porqué perdimos

la realidad de las rosas?

Porqué se evaporó el momento, aquél,

el momento del beso sorprendido.

El beso sin saber, sin esperar

un ángel por la borda de mi vida,

el momento en que cada acierto

llegó a tener sentido de por sí,

y sin miedo

y sin soledad,

sin el dolor.

Me diré entonces,

cosas que trae la vida

que llegan y te rozan

a veces como muerte,

otras como refuerzo

al corazón que para

y un mal rato que piensa.

Y entonces me diré,

ya de la rosa guardo el aroma real

de aquellos días,

ya del beso el recuerdo más preciso

en que estuvimos,

ya de ti

un nombre en las cuerdas tiembla.

 

 

Reconstrucción

Cuando se destruye una pequeña parte del mundo

llegan los obreros victoriosos de la esperanza.

Levantan un nuevo camino, sobre el camino.

Instalan tuberías, cables subterráneos que riegan el corazón,

Soplan a mediodía sobre el fuego de las brasas.

Comen tranquilos y piensan en la tarde del hogar.

Y salgo a la puerta para hablar con ellos,

acerca de la electricidad y sus secretos,

acerca de la pintura que no se resquebraja

a pesar de la humedad del cuerpo.

Hablo de este país, de estos días,

y no hablo de ti, porque cuando se destruye

una pequeña parte del mundo,

ellos llegan para crear otra.

 

Tema del uno sólo

Atiende el murmullo que nos marca.

Atiende el tiempo que se marcha.

Uno sólo vuelve al duro camino

de los trenes que van y no vuelven.

Uno sólo retoma la costumbre

de hablar consigo,

de enfrentarse a sí mismo

Uno sólo se persigue,

se vulnera,

fracasa.

Uno sólo se marca

a corazón.

Uno sólo.

 

 

Tema de la ventaja sobre el tiempo

Aventajo al hombre que vive sobre mi cabeza

en el piso sótano de mi corazón.

Me aventajo si dejo a un lado todo el peso

de este sentimiento que el tiempo no cura.

Y me aventajo, y te aventajo cuando miro el futuro

con la precisión de quien conquista los días.

Pero siento envidia

de los pájaros que se aparean esta primavera,

de las parejas que sobreviven y se abrazan

a la sombra de las arboledas.

Y siento envidia del tiempo que pasó,

y de mí mismo cuando mire atrás

y te recuerde. Y de mí mismo cuando el tiempo,

que es todo locura,

me deje en el lugar que para mí escogiste.

 

Tema del balance

De los mil besos,

de los minutos contados

de la luz a la sombra,

del plenilunio al pozo

de la herida sorda.

De aquél juramento sin voz,

de aquél momento espeso.

De todos los apuntes torcidos

en la agenda del despecho.

De la aventura nueva

y toda su discordia.

Del panorama salvaje

que mañana asoma.

De todo lo dicho y lo medido,

lo comprado y lo perdido.

De tu casa y mi mesa,

de tu cama y la estufa

que dejó para siempre primavera.

De lo entregado y lo tomado,

de lo esperado y compartido.

De la sinrazón que el corazón

conoce, y yo ni sé, ni vivo.

De los días del verano y del invierno,

del orgullo y la soberbia

y el amor en pie.

De todo lo pasado,

de todo lo esperado y consumido.

De todo este balance nos pagamos.

 

 

Tema del Amor

Así nos buscarán,

dos partes de una que fue.

Como tantos caídos.

Así nos verán

una parte que ya no es.

Como tantos caídos.

Amor que envenena

busca blanco.

Amor que acierta

busca acuerdo.

Me preguntas qué es amor.

Me pregunto qué es amor.

Está escrito: todo lo que esperamos.

Como tantos caídos.

 

 

De la rosa als llavis

Perquè has vingut ara torno a estimar:

dire el teu nom

i el cantarà l´alosa

 

Joan Salvat Papasseit

 

El cielo se enrojece de vejez y amor

y toma una rosa en los labios.

Hay quien guía mi estrella

cuando dejo tu ciudad.

Porque has venido vuelvo a amar

en el brote de menta de tu sonrisa

como una rosa cuando sale al sol,

en el perfume de magnolia

de tu pecho florido, de tu jardín oscuro

donde duerme tras siglos el beso redondo.

Me abrirán la puerta de tu cama

y llegaré silencioso, tiranía de amor,

con los ojos cerrados te diré

que la vida es siempre una fiesta.

Que el desnudo amor, moreno,

como pan de la calle donde vives,

como piel, tesoro, rosa roja

es misterio que ignora tu vientre

cuando la vida más negra fermenta.

Su pecho es el lugar de mi delito,

su cuerpo un recuerdo del alma

de doble filo.

 

Tema de los objetos

Los objetos, amor mío,

cuando reducen y se significan

y pueden ser todo amor

perdido, odio encontradizo,

nos vuelcan en la cabeza

y sin habla permanecen.

No puedo decirte

que me parece mentira.

Que me parece mentira que aún estén aquí.

Los objetos, amor mío,

cuando son, todo lo son.

 

 

Tema del violín primero

Atar el corazón, te dije siempre,

es cosa que no saben los más jóvenes.

Las cuerdas del violín quieren ser canto

y sólo las gargantas lo desprenden.

El gallo de mi barrio canta de noche.

Por la mañana, un eco nos indica

dónde gime la niña que no fuiste

y dónde he de buscar la sangre doble.

Al fin nos hallarán en los archivos

y no podrán vincular nuestros nombres.

Pues el metal de la cuerda no resiste

la tibieza clara de un corazón.

Y el placer de los hombres nunca busca

los restos del amor entre tanto frío.

 

 

Calderería

-Las Tres Estaciones-

Busco trenes que parten sin previo aviso.

Pero ahora, el tiempo, que todo es locura,

prepara en su maleta la costumbre

de mudar tus encuentros por los míos,

sustituir callada esta música

por el sordo ruido de bodegas

donde queda ahora amor.

Pero no hay queja que destino marque,

ni peso que los meses no deshagan.

El embalaje del beso es madera

y crecen sobre él hierba y paloma,

nido para mañana, voz de rabia.

Fue entonces que el guardián me cedió el paso.

Y me indicó un lugar donde tumbarme

a ver pasar el río en profunda tormenta.

Nadie conoce el corazón temible

que albergas. Nadie conoce el temor

que resguardan tus noches. Nadie sabe

cuando estás solo y un escalofrío

todo recorre, y un vacío absorbe

la atención del pretil a la corriente.

Supe por ti que el río guarda el alma.

Pero es el alma un barrio destrozado

donde el río conduce hasta tu cuesta.

Pregunta el barrendero por ti.

Y no contesto. Sigo el paso lento

y miro de revés tu luz aún encendida,

la música que parte la ventana,

no me permito parar, un paso más

incandescente

para abrasar los labios

y sin decir palabra.

Entonces bajo a la ciudad.

Los sentidos se azuzan si reviento.

Camino con la prisa y sin desmayo

a la visita próxima de estos casi muertos.

Uno me pregunta por ti.

Y no contesto. El vidrio de mis ojos

ya delata que busco en otro vino

tu presencia.

Pero bebo café, elogio la vida,

sufro en sonrisa y miento.

Pues nada importa cuando corazón

tiembla.

Ni la verdad a bofetadas vence.

Alguien propuso primavera.

Alguien que no sabía mis pasos y los tuyos.

Alguien que descubrió la farsa tarde.

Alguien que la verdad tuvo en su mano.

Que no sufrió aquél mes de marzo

el más leve rasguño en su alma.

Alguien que como yo sigue pensando

que cada flor renueva y cada flor se muere.

Que tú te has ido y ya no vuelves.

Alguien la realidad

de las rosas nos trajo.

Fueron reales, por tan poco tiempo.

Y sirvieron para poner nombre a las iniciales,

para cantar durante meses

voz en grito cada noche de fiesta,

cada calle cruzada,

cada paso de peatones unísono,

cada vez increíble en que amor dispuso

su campaña en tu puerta

y mi dolor se hace más grande al recordarlo:

en las noches de junio en que comprometimos

en tu vocal primera la esperanza.

En tu vocal segunda, nuestra entrega.

En tu vocal tercera el alma impuse.

Pero ya la lágrima, ya el final,

de improviso. Pero ya el llanto nuevo,

ya la escalera cerca.

Pero ya nada.

Sólo convencimiento.

El camarero pregunta por ti.

Yo no contesto. No sé de tus enfermedades

y tus horarios, ya nada sé de la afición

en que gastas el día.

Ya nada sé porque nada explica

que caiga de improviso

el recuerdo en torrente como río.

Ya nada explica que esta calle sea para mí solo,

que no paseamos bajo el arco de las manos.

Guardo para la memoria este sonido.

El ensayo y un abrazo.

Los crucigramas que resolvimos.

El juego dispuesto en la mesa.

Nada destruye la imagen

Acostumbrada de sentarte en mis rodillas.

El primer tiempo del verano.

La noche más sola de las noches.

El dolor entre el dolor.

Nada que recuerdes sea amargo,

Antes vendrá el tiempo en su juicio.

Entonces nos encontrará a cada cual

Lavando la promesa que no hicimos.

Esperando otro tren que llega tarde.

Nombrando la derrota por otro nombre

Acusando los días que tuvimos.

Pero todo pasará. Como Tiempo.

Como marca y fuego que se apaga.

Como voz escondida de recuerdo

que las noches borrachas invocan.

Que las piedras esconden a su sombra.

Como fotografía que cuelga en casa ajena

donde nos mira un desconocido

cada tarde.

A la puerta de tu casa

tras la compra y la noche corta

de cuerpo y cuerpo,

larga en la boca y el pelo mojado.

Pero todo pasará. Lo sé en la pintura nueva

de los portales. En la vuelta del sol

hasta mi ventana. En las rosas

renacidas realmente. Lo sé en el aviso

de los vecinos. En la preparación

que viste la calle. En mis ojos

más secos y cansados.

Todos lo saben en su experiencia

y yo lo acomodo en la memoria.

De nada vale el llanto simple,

a nadie conduce el milagro

del corazón hecho agua.

De nada vale preparar la nada

adecentar la apariencia, la calma

que muestro por la cuesta.

A nadie importa que pasó.

Porque nadie conoce la espera

que preside tu casa,

el trabajo que desfondó

la retaguardia del empeño.

Cuando vuelvo a mi cama trabajan los obreros.

Me preguntan por ti. Yo no contesto.

Ellos trabajan.

Desde los cimientos del corazón,

donde se alcanza en juego

de acróbata y andamio una rama de ti.

Donde queda la mezcla

y la humedad de todo este invierno.

Reparan el tejado, donde hicieron su nido

las sombras hace tiempo.

Trabajan los tabiques que los picos

demolieron, trabajan en las vigas

que sostuvieron nuestros días,

con la pintura amarilla del engaño.

Trabajan día y noche y me preguntan.

¿Quién vivió esta casa vacía?

¿quién sobrevivió tanto tiempo

que ya no recuerda el amargo

túnel de la noche más fría?

Vuelven a su trabajo y me olvidan.

Ya casi está terminada.

La casa que conociste tiene balcones

por donde mirar las torres.

El sótano es un estudio

de aquellos días.

La luz vuelve a raudales

hasta tu pecho. Un jarrón

preside la estancia junto a la fotografía

en la puerta de tu casa,

tras la compra y la noche corta

cuerpo a cuerpo,

larga en la boca y el pelo mojado.

Y es primavera en mi memoria.

Cuando las rosas reales volvieron

y el agua ya sólo es una factura.

Ahora el tiempo, que es todo locura,

prefiere ser desatento

en la limpieza del suelo.

Recorre la primavera de tu recuerdo:

era primavera cuando llegaron

a mi ventana los gallos luminosos

de tu aurora.

Es primavera cuando cuesta abajo

un pasado rueda en la realidad

de las rosas.

 

 

SOL EN OTRO BARRIO

(2002)

 

OFICINAS DEL SOL

 

 

En tu casa el sol

ha abierto oficina.

Y en mi sombra

la noche despacho.

 

Sellas mi salida

de tu vida.

Abro expediente

a mi corazón.

 

 

EDADES

 

Pero tú, dónde dejaste

mi corazón en barbecho,

escarchado,

dónde quedó cubierto

por hilos de teléfono?

 

Y aquél día de confesión

y propuesta, de sandía abierta

de par en par sobre las máquinas?

 

Qué fue, dónde están recuerdos

de promesas al fin de mi objeción?

 

Dónde los paseos en el parque?

 

Dónde la mínima esperanza

de seguir? Y mis canas perdidas?

 

Y el sentir sencillo tu cuerpo joven

y tu risa fresca de mar y campo

abierto a las flores de los veinte?

 

Pero yo, perro viejo ya en tus quehaceres,

serpiente de tus dudas y mis pasos,

paso atrás de las valentías,

señor de mis viajes y tus noches,

quedo en silencio cuando no llamas

y ya ni espero.

 

Que han venido grajos de tu juventud

y anidan las puertas de mi cama.

 

 

DEFENSA DE LOS TREINTA

Llegados a este punto, amigos,

recuerdos y experiencias, amores,

noches y días, externo e interno

todo. Avenidas de rosas

y calles de piedra, facultad,

seres queridos, llegados a este punto,

puente tanto atravesado.

Y aquellos bares del 86.

Que ya no están, persianas cerradas,

otros nombres. La ciudad nuestra está dsierta

en esta ciudad.

Pero no. Llegados a este punto

cada cual que cuente su historia

y nos queden coros de gentiles

oyendo alrededor el nombre de aquella

y la risa imperdonable de la bondad.

 

 

SOMBRA DEL LIRIO BLANCO

Yo tuve la juventud

y los besos turbios,

la ropa desordenada

el cuerpo tuyo

y cántaros de lirio

para el después, y después nunca.

Días malos, amigos siempre,

visitas imprevistas,

para bien, para mal.

Que hubo días y días, quiero decir.

El resto, sombras de cama,

noches casi eternas

que terminaban por hacerse día,

trastornos del cuerpo, lesiones internas.

El médico de la razón

no me habla.

Y el tiempo de antes,

no existe.

 

LA TERRAZA VACÍA

Para contar el tiempo y distinguir mundo y vida,

maestro, de nada nos sirve que estemos muertos,

pues un escopetazo sólo es epitafio, cruz y lápida.

Un disparo en el alma y a plena luz del día.

Esperaste todo más cierto que los números de los años,

simple persistencia de contar monedas, días

de vacaciones, nóminas, tantos por ciento, amor

violento, abandonado, noches sin interés.

Pero si no ha llegado el momento, y emerge,

(después de tantos meses ni por carta

me has contestado) ese empuje de raíz rabiosa,

decir cuatro palabras, hasta aquí hemos llegado,

si nos queda la instancia y el recurso

a todos los momentos que guarda el firmamento.

Entonces sí que puedes tomar asiento, amigo,

para abrir el paraguas gris de los infelices.

Así sigue la sangre repartida en lagos,

suturas que la tierra no comprende: fronteras.

Colores en los mapas, el mar nunca es azul,

ni una palabra cruza la vista del satélite

meteosat. Esto vemos, aunque tu mirada

te permute cielos por cabeceros de cama,

ninfas del barrio por cuentos de nunca acabar.

Hubo mejor hotel que este pozo sin fondo.

No saldrían de pobres los de la tierra húmeda,

ni el triste más triste y contemplativo hará

caso de ese soneto que está a medio escribir

en la tumba sin aire fresco ni minibar.

Ya era hora de retirarnos a este letargo,

respirar aire de mañana siendo mañana

y cuerpos de hoy de todos los días.

Son la vida y el mundo figuras del espejo

del tiempo y el espacio. Esta fue la respuesta.

La pregunta aún flota en la barra de un bar.

Ahora sé contestar: es cuestión de memoria.

Por no saber si era mundo o vida

quien ahogaba, quien quita las ganas de vivir.

Y ahora sin memoria de hoteles, anecdotario

que contar, un fantasma vigila en la terraza.

 

PERDICIÓN DE LAS FLORES

La vida otra vez sin casi,

la de los descubrimientos hechos

y los errores cometidos,

frágiles muestras de gafa redonda.

Palmeras y pinos, infancia, sol,

mar grande, carreteras de accidente

muestran baches de amor entrelazado.

Es 1962

en San Fernando de Cádiz.

La abuela María mira una rueca

sorprendida. Día de calor, isla,

bocas en el mercado y sandías.

Trajeron de Sevilla un título enmarcado.

Alfonso cruza cables en la tienda.

Isabel en tacón de perla catalana.

La sombra de los días en la playa

abriga la terraza del verano.

Se presenta la feria en camiseta.

En 1955,

Calle Real, Elena dice sí.

Se me viene encima mi madre

sobre un carabela. Hay un frasco

donde guardo dolores de cabeza

para piratería y anclas del manchón.

Aplastan por poco los días y la mirada,

las calles estrechas de Palos de la Frontera.

Los viejos me preguntan. Tu padre ya no vive

en la casa de Maestro Portela.

En 1948,

vía del astillero y mediodía,

te toma de la mano el jueves

y lleva quince días de estraperlo y jabón.

Me ves poco. Saltan juntos los caños,

el puente flotante de la Carraca,

buscamos cañaíllas y bocas de la isla.

 

CANCIONES

(1995-1997)

 

SINTAXIS DE AMOR

No me pidas que conjugue

tus verbos irregulares

que siempre el imperativo

termina por dominar.

Y perderemos los modos

buscando el condicional.

No me pidas oraciones

y que ordene el predicado,

por falta de conjunciones

pierdo la coordinación.

Sin atributos no tengo

ni sujeto para amor.

Déjame en tus adjetivos

y en tu cópula del beso,

los pronombres posesivos

terminan sentando mal.

Es más útil en futuro,

para usar el imperfecto,

de las personas del verbo

la primera del plural.

Hay amor intransitivo

sin complemento directo

donde los circunstanciales

no tienen preposición.

Y buscan el subjuntivo

implorando una oración.

Pero busco la semántica

en lo propio de tu nombre,

casi siempre los comunes

no nos entran en razón.

Entre el género y el número

no encontramos distinción.

Llévame en tu lenguaje

a la estructura profunda,

pienso en las superficiales

y no tengo en qué pensar.

De entre todos los modales

prefiero el indefinido,

y para jugar contigo

el arte de conjugar.