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kiosko de poesía número 17

Alejandro Pérez Guillén

Álvaro Tato

Belén Sánchez

Carolina Liébana

Jesús Cano

Luis Carlos Mendías

María Eloy García

Maricarmen Martín Granados

Mario Cuenca Sandoval

Miguel Ávila Cabezas

Pablo Acevedo

Pablo Casares

Rafael Espejo

Ramón Repiso

 

 

 

 

Alejandro Pérez Guillén

ME ESTOY ACOMODANDO A DORMIR CONTIGO

 

Me estoy acomodando a dormir contigo

cuando la lámpara curiosa de la noche

enciende el deseo de los amantes.

 

Me estoy acomodando a dormir contigo,

cuando los párpados pesados de la habitación

diluyen las espumas saladas de los cuerpos

que calzan el vestido ceñido de las sábanas.

 

Me estoy acomodando a dormir contigo

y la memoria cansada del alma

memoriza el vocabulario femenino de los sueños.

 

Mientras la pasada plateada

de los fines de semana

recoge, indiscreta,

sus cabellos de sol

entre los cristales ahumadas del automóvil,

la desmelenada antorcha de tu pelo

deja al descubierto

el aeropuerto desierto de la espalda.

 

Mientras el dulce crepitar de los dedos

se entretiene en las hojas

perennes del estómago,

la dúctil navaja de los labios

muerde esas manzanas peladas

con la corona de cereza ensangrentada

y los pechos son doblones

que el tacaño guarda celosamente

en el bolsillo de los sujetadores.

 

Mientras el péndulo alocado de las caderas

parece domar la fotofobia del pubis,

como vampiro que engulle

la sangre de sus víctimas,

urdiendo un plan en el imperio

de la llama estrellada,

la mirada recorre

las dos lenguas de tus piernas

incendiadas en la hoguera de la pasión,

y las medias desnudas custodian la crisálida

atrapada en las telarañas del ombligo

que extiende sus alas de terciopelo negro.

 

Mientras me acomodo a dormir contigo,

buceo en las arenas de tu piel

buscando la llave maestra del coito

que tardo en encontrar.

 

Cuando me acostumbro a dormir contigo,

el miedo se concentra en las fronteras de los muslos

y el silencio tartamudo de la respiración

ahoga la niebla empañada

en las lunetas del coche.

 

En la ojiva de dos arcos que se cruzan

introduzco la llave impetuosa del misterio

para abrir el cofre risueño y dolorido de tus entrañas.

 

Entonces la bombilla cotilla de la noche estalla.

 

Entonces los pétalos nocturnos de las pestañas

nos guiñan en el mar de los cuerpos.

 

Entonces la luna arranca furiosamente

la venda amordazada de los ojos

para anunciar la mañana.

 

 

Entonces la retina retiene

el vocabulario secreto de los sueños.

 

Entonces el hada madrina transforma

el vehículo de Cenicienta

en un tálamo de seda.

 

Entonces, mientras me estoy

acostumbrando a dormir contigo,

imagino un trabajo,

una casa vieja por ser viejos los inquilinos

y un te quiero para siempre

de un anciano a una anciana.

 

 

Álvaro Tato

UBI SUNT STELLARUM BELLA

 

¿Dónde está hoy la Rebelión aquella

que derrotó al Imperio represor?

¿Dónde la Fuerza y ese resplandor

de sables en la lucha cruel y bella?

 

¿Qué fue de Han y la princesa Leia?

¿Qué de Darth Vader y el Emperador?

¿Qué de Obi Wan y Luke y 3P0

y esas batallas sobre las estrellas?

 

Quedó nuestro estelar cantar de gesta

perdido en la galaxia ya lejana

de aquella infancia que soñó el futuro.

 

Y en nuestra soledad sólo nos resta

soñar otra aventura sobrehumana

hasta que nos devore el Lado Oscuro.

 

 

Belén Sánchez

(Foto: niños pidiendo “Un one dollar)

 LA TURISTA

  

¿Qué esperáis de mí?

Sabed que mi vida es extraña,

que soy esa mujer que os mira,

que no os conozco,

que colecciono vuestros ojos,

que secuestro vuestras calles,

que ya nunca volví a veros.

Y qué será de nosotros,

de todos nosotros,

que una vez nos vimos

y ya nada, ya nunca,

ya ninguna vez.

 

Carolina Liébana

 

Como los arañazos de un pasado

belicoso

como la fertilidad misma

sintiéndose yerma

me arrodillo

a un teclado

silencioso

inhóspito

y me siento maldita

en la soledad

en el silencio que no llena

el tecleo infinito.

Busco inspiración

que me es negada

por mi propia alma.

Me arrastro suplicando

frente a este folio virgen

y me amanece manchado

por la inexactitud

de mis propios dictados

inconexos...

Supuro

esta nueva sensación de tener

tanto que decir y

tan poco que escribir.

Esta ira contenida

este letargo milenario

intruso poliactivo

en mis entrañas,

y yo misma,

frente al teclado,

me desangro...

Habito mi corazón

con pereza nostálgica

de lágrimas no derramadas

Habito la silenciosa

meditación sin respuestas

y me pregunto

qué me hace sudar

por qué la escritora

no escribe ahora

que el mundo se tambalea

y la gloria es para los estúpidos

que no sienten más que el viento

del norte

en sus labios

silenciados de poemas...

 

Jesús Cano

RESURGENTE

 

La flácida levedad

Es posible encontrarla azul

Reciclada, en un amasijo de algodón,

Entrecejada en la luz

Del reflejo de las venas.

La flacidez resurge con los vinos

Y ni siquiera sabes

Si  es por el contacto de la barra.

 

Luis Carlos Mendías

CORAZON SIN ALAS


Ahora no tienes, corazón, el vuelo

que te llevaba a las más altas cumbres

José Ángel Valente


Como el clamor del cóndor desplegado

vuela la altiplanicie, necesito

el aire entre las alas y un trocito

de horizonte desnudo y despejado.

 

Pero es mucho el dolor. Habéis dejado

un corazón sin alas y marchito.

Y, aunque intento escucharos, vuestro grito

ensordece mi espíritu violado

.

Danzando vuestra sangre por mis venas

con ritmo dolorosamente lento

muero en vosotros destrozado. Siento

 

que un río melancólico de penas

inunda mi alma en lágrimas ajenas

y se me acorta torpe el pensamiento.

 

 

( a los desaparecidos por el terror y a todos los que se os murió el alma ese día, desde un corazón al que cortaron

las alas y quedó soterrado en fechas en que pretendía volar a las más altas cimas)

 

 

María Eloy García

LA REPONEDORA MURIEL

 

 

sólo tú haces de un día vacío todo el día

eres el demiurgo sencillo de un universo diminuto

arrastrando en el círculo sexto sección láctea

todo el palé de la tristeza

repones el ansia con el ansia

y el tiempo con el tiempo

sólo tú tienes la contradicción misma

de los dioses

te vanaglorias de un orden

que será siempre destrozado

y al levantarte con el cuerpo tan antiguo

miras los pasillos inexactos

sección deseo llena de realidad

sección verdad llena de historia

a una simple voz tuya todas las bandejas dicen carne

los mostradores revelan la verdad subconsciente de sus 10 grados

se alinean las hileras

surgen anaqueles rebosantes de todo lo que pueda desearse

sólo tú tienes como todas las mañanas

tres horas justas para crear un día

 

Maricarmen Martín Granados

TRIPALIUM


I
Qué grande el mundo hoy y qué ajeno.

Destapas el abismo que llenaste, que no llenas.

La tarde en que ya no me querías

qué bella la luz, qué dolor de promesas.

La tarde de no quererme ya más,

cómo calmar los números que tiemblan en el calendario,

que aúllan por las esquinas de un Macondo

bienhallado, bucle para mi tiempo

que no estimas.

  

II

De nuevo es soledad, soledad de nunca.

Imposible el plural si el tú se cae del lenguaje,

paraíso perdido.

Verbos limitados al yo desnudo

que no supe, que no sabré habitar.

Perder es para siempre, para siempre es

la pérdida y después

minas abandonadas.

Curo nombres con días

nuevos como esta luz:

aquí, Tarifa, invierno del dos mil tres,

ajena a las estaciones,

pero dejad que mienta el color.

Como si sólo tú hubieras sido vida,

todo lo demás, mundo.

 

III

Fuimos.

Esclavos de un fue gigante

que se resiste al abismo.

Fue triste mirarse así, en aquel espejo tan minado,

sin gloria,

tan presos de lo mismo.

No saber utilizar esta arma negra

y estar muriendo,

desangrándose el amor por las aceras,

petróleo que todo lo mata,

manta que cubre y desabriga,

manta.

 

Mario Cuenca Sandoval

LAS CERTEZAS

 

Las certezas no tienen

residencia en la entraña, en lo profundo.

No viven en el yo.

Ni en el pronombre yo, ni el superyó.

Ni el tuétano. Ni en la calavera.

No hay sabiduría del “adentro”.

Ni hay dentro ni hay afuera. Pues toda intimidad

No es más que superficie, como un cuero tendido.

¿Qué decía? Ya sé:

que las certezas

sólo tienen fulgor a flor de piel.

De repente

el agua de la ducha se las lleva

por el desagüe.

O el frío que nos pone el cabello de punta.

las arrastra consigo a las antípodas.

(Y allá, tal vez, se vuelvan todas falsas.)

Y te dejan más solo que al principio.

Con esa inundación de soledad

que en nuestras manos ponen las mascotas

cuando se aburren de nuestras caricias.

Las certezas, ya digo

son pura superficie.

Se diría que tienen vocación de luciérnaga.

Parpadeas dos veces

y ya no están.

 

Miguel Ávila Cabezas

SONETO FALAZ

 

No te amo. Te ahormo lentamente

poniendo entre tu casa -y mi ausencia-

dos aldabas batientes con urgencia

en la puerta de un cielo sin presente.

 

Son pasado y futuro, juntamente,

los dos tiempos que llevo a tu presencia.

Cierto soy -y no un fui- en la indulgencia

de la mar desgarrada frente a frente.

 

¿Dónde está el norte, di, que me he perdido,

bajo una lluvia incierta y sin medida,

en el pozo más hondo del olvido?

 

(Gime la muerte en muerte concebida

y la sangre es un cielo detenido

como el toro al final de la corrida).

 

Pablo Acevedo

DESEO

 

Desconfío del cuerpo en que te arrojas,

flecha vaciada de sí misma,

nauseada de apresurados blancos,

cómplice de alocadas primaveras.

 

Soy hégira de indelebles alas,

¿cómo pretendes, entonces,

que apruebe tus persecuciones?

 

Soy fuego y tú tratas de quemarme.

Soy soledad y me amenazas con tu ausencia.

Soy vacío y pretendes conmoverme

con tus vértigos.

 

¿Qué difunto o huésped iluminado aguardas?

¿Acaso no te complacen mis muertos

de esa muerte de mí, tan mía?

 

Si saltas yo soy pájaro terrible.

Si vigilas soy la alerta.

Si preguntas soy lo arcano.

 

Un golpe de luz emancipa tu sombra,

y tu cuerpo queda allá, inmóvil,

cercado por la luz.

 

Cada objeto que rozas, cada cuerpo,

regresan a su nada profunda

—como cada idea en el carnaval de las sombras,

o cada labio en el besar de lentas cenizas—.

 

Tus ojos lanzan su ciega ancla

hacia un corazón sin fondo;

tus manos palpan la obscuridad

para prenderme,

mas soy lo que te acecha.

 

No tiritas porque sea yo el frío,

ni agonizas porque sea yo la enfermedad

(tu alma está afectada desde siempre;

quien tiembla es el caballo de dios

y su tristeza de relincho degollado).

 

Soy el sobresalto, no la ataraxia.

Soy el rostro deformado por la emoción,

no la belleza que ignora el dolor y el gozo.

 

No soy la indiferencia,

ni el sarcasmo de una voluntad

lacerada por los perros

del absurdo absurdo.

 

Si sangras soy el latido que empuja.

Si fletas el sol en el barco de tu hastío,

el naufragio del día y el rescate de la noche.

Si enarbolas tu egoísmo infame,

la tuberculosis de tus banderas,

la decrepitud de tu yo bastardo.

 

Y si con tu timidez

avergüenzas a las flores,

mejor seré la revolución de los órganos,

la fermentación del vientre,

el grito de las aves en el corazón del día.

 

La rana metafísica,

con las ancas prestadas de los ángeles,

croa croa su verde croar.

Saltando más allá de la muerte,

colorea lo infinito.

 

Tú lo sabes.

 

Si callas no seré el silencio,

pero sí la araña del espanto.

Si sollozas no seré el gemido,

sino la fuente del gemido,

la quimera promiscua del ensueño

y la página en blanco, sin islas,

arremetiendo contra tu orgullo.

 

Y si deambulas por calles intransigentes,

con paso corrido y triste,

o bien desesperado y lunático,

entonces la ebriedad

y el infarto de los soberbios;

entonces la ebriedad, y el eructo anfibio

de los muertos. Entonces,

la ebriedad, y la reputa del adiós,

y la reputa del dolor...

 

La tan amada,

hedionda soledad.

 

 

Pablo Casares

TU Y YO  EN EL PARQUE

 

 Me confiabas todas tus fantasías:

 

la del ascensor con el jefe de sección,

la de las escaleras subterráneas del parking,

la de la habitación 13 del Hotel Parma

y esa irresistible bailarina de Coimbra.....

 

Todo esto y más

me contabas

en el banco del parque

cuando yo apretaba

una carta en la que

te lo explicaba todo,

               

todo lo que un persona

enamorada pueda explicar.

 

Rafael Espejo

MADRIGUERA

 

Desde las mantas,

como el vaho de un horno,

sube su aliento rancio en la mañana:

 

huele a barro

el regusto lechoso y fermentado

de su sueño en la boca.

 

Con hilillo de baba

seca en la comisura de sus labios

 

y un sudor aceitoso surcándole la piel.

Las greñas enredadas.

 

(¿No desean lamerla, retozarse con ella

como serpientes entre hierbas altas?)

 

Así la quiero yo: hedionda,

envuelta en la placenta de los días;

presta para nacer entre mis brazos

con las primeras gotas de una luz

        que la persiana filtre

                 macerando sus ojos.

 

Así. Pura mujer. Sin trampas.

Pestilente. Fluvial.

Inmaculada.

 

Ramón Repiso

PECADOS DE FAMILIA

 

En ti me reconozco cuando toses,

en el hombre sin luz que ya comienza

a tropezar con todo cuando bebe.

Iguales, ya lo ves,

iguales en la tos y el extravío.

 

Y qué no habremos roto entre los dos,

qué llaga entre tu puño y lo que escribo;

cuántos caminos, padre,

que jamás llegarán a ser abrazo

entre hombres que lloran y se quieren.