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El erizo reabierto

(con motivo del especial décimo aniversario)

 

Todo comenzó con una cita de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: «Los erizos, partidos, mostraban su carne herida, sangrienta, extrañamente compartimentada. Nunca lo había pensado antes pero ahora, tras las originales comparaciones del senador, me parecían realmente una disección practicada en no se sabe qué delicados órganos femeninos. Él los saboreaba con avidez, pero sin alegría, concentrado, casi compungido. No quiso ponerles limón». En ese momento, decidimos constituirnos como El Taller de Relatos y abrir un erizo para ofreceros a todas y a todos su sabor ácido.

 

Corría noviembre de 1993. Todavía no había ganado el PP (faltaba poco, eso sí); aunque parezca mentira, no existía Operación Triunfo ni Gran Hermano; aún no se habían estrellado los famosos avioncitos ni hacía furor el budismo; como no paraban de salir casos de corrupción, se podía polemizar alegremente sin que te saliesen cada dos por tres con aquello de «hay que ser más positivo» ni nos asediaba dictadura alguna de lo políticamente correcto. Todo era realmente diferente, más cachondo… teníamos menos años, menos kilos y más pelo no encanecido. Qué tiempos aquéllos… Pero, vayamos ya al ajo (o al centro del erizo, que, para el caso que nos ocupa, es más acertado).

 

Si algo excepcional tuvo el Primer erizo fue que lo hicimos como nos salió de los huevos (valga la expresión, dado que éramos cinco, todos tíos: Alfonso Salazar, Jorge Fernández Bustos, Antonio Serrano, Juan Pérez y Jesús Cano). Ya lo decíamos en la mencheta: Las distintas publicaciones del taller son financiadas única y exclusivamente por las aportaciones de los miembros y simpatizantes, sin que las generosas subvenciones que la Administración dispensa a otros entes se hayan acercado por ahora hasta nuestros bolsillos; tampoco las hemos solicitado».

 

Por cierto que esta frase aparece impresa bajo el que el logo del Taller de Relatos, que representaba un bebé que, mientras caga alegremente en su orinal, lee atentamente un periódico. Por supuesto aparece de espaldas. Junto a él la frase latina: Bibliophilus púber est. O sea, podíamos hablar de prostitución, pero nunca prostituir la revista.

 

 

Aquel primer número costó lo suyo. Tuvimos que maquetarlo a mano. Nos lo imprimieron casi de favor. Por eso no le pedimos cuentas cuando aparecieron las marcas del fiso donde habíamos fijado las fotografías para indicar su ubicación. Hasta fuimos a la imprenta a ponerle las grapas… Mereció la pena. Cuando terminamos, contemplamos orgullosos nuestro juguete: una revista para nosotros solos, en la que podíamos decir todas las cochinadas que quisiéramos, una revista que se podía leer con una sola mano… Sólo quedaba anunciar su llegada al mundo. No hubo grandes fastos, sino humilde pero bien avenida presentación. Tuvo lugar en el incondicional Pub Liberia el 5 de noviembre de 1993 (fecha para la historia del erotismo) y contó con la generosa y desinteresada colaboración del grupo de rock, también incondicional, «Los Vados». Entre música y copas proyectamos películas porno en Súper-8, de aquellas que los españolitos de los sesenta se traían de Perpiñán. Todo un espectáculo, el público berreaba, sobre todo cuando desenfocábamos la proyección en el culmen de las escenas.

 

Tal fue la aceptación del primer erizo, que nos lo creímos y decidimos sacar el segundo, aproximadamente cuatro meses después, aunque ya se sabe que la periodicidad de esta revista pretendió ser trimenstrual y fue siempre irregular. Para promocionarlo, tuvimos la idea de lanzar antes un ericillo, un panfleto de tamaño octavilla realmente delicado, tanto que no parecía nuestro. Todavía muchos lo recuerdan. En aquel pasquín (eso que ahora llama flyers) dábamos un suculento adelanto de lo que iba a ser el Segundo erizo en el que, por cierto, por primera vez se incluía publicidad, medida a la que nos vimos obligados a acudir para sufragar gastos (y tomar copas con la excusa de buscar apoyo en los locales nocturnos). Cualquier cosa menos mendigar por los despachos oficiales.

 

Llamó grandemente la atención en aquel segundo número nuestra amplia sección gráfica, en la que figuraban algunas piezas verdaderamente retorcidas, cual picha de cochino, generosas aportaciones de los próceres, por aquel tiempo, del cómic granadino. Aunque, lo que más gustó fue la contraportada, que era una cariñosa alusión al Mundial de Fútbol de Estados Unidos’94, que, por ese tiempo estaba al caer. Nuestra contraportada presentaba en una fotografía de principios del siglo XX a una linda damiselilla abierta de patas, que alegremente jugaba con un balón de reglamento por encima de su potorro. Y abajo el lema: ¡Todos con la selección! (ver página 70). Por todo ello, resulta recomendable empezar a leer este número al revés. Para presentar este número, cambiamos de local. Nos fuimos al Tornillo, pero, en la parte de animación sociocultural, seguimos contando con los guitarrazos de Los Vados.

 

Por aquel tiempo, las actividades de El Taller de Relatos se iban ampliando. Editamos una antología de poesía bajo el título «Sólo palabras»; donde sólo admitimos la participación de poetas femeninas; una colección de narrativa: «Libros del bolsillo de atrás» que tuvo un único número titulado «Antología por la cara» y, sobre todo, convocamos el primer concurso de relato erótico «Los erizos del harén» que presentamos con una exposición de objetos de sex shop y degustación de afrodisíacos y filtros de amor. Hacía alusión este título al incondicional El Harén de Arquímedes, café ya desaparecido (o multiplicado, pues de él surgieron otros dos locales). No queremos dejar de referirnos a él, pues era allí donde, de común, nos reuníamos para tramar un erizo tras otro.

 

El Tercer Erizo apareció con puntualidad, exactamente tres meses después del segundo. De nuevo, os volvimos a citar en el pub Liberia, arropados, cómo no, por ese grupo que era ya como de la familia: Los Vados. Como no hacía bastante calor en aquel junio de 1994, salimos nosotros a la calle para calentaros. Todavía recordamos bien la entrevista que nos hicieron el suplemento de verano de «Ideal». Aquella entrevista llamaba más que nada la atención porque estaba enfrentada, página con página, con otra que le hacían a Marcos Gutiérrez, presidente del Club de la Castidad. ¿Quién no recuerda a este buen muchacho, incansable defensor de la virtud. Llamaba la atención, sobre todo, la foto que ilustraba la entrevista. Era un magnífico retrato donde la figura de Gutiérrez aparecía remarcada por una aureola de luz y en el que el retratado miraba dulcemente a la lejanía, cual si llevase encima la cruz de todos nuestros pecados. Aún estamos a tiempo, el club acepta arrepentidos.

 

Pero, volvamos a lo nuestro. Quizás, lo más significativo de este número fue que, por primera vez aparecía en un medio de comunicación un comentario del profesor Ladillas. Tuvo a bien este excelso científico aceptar nuestra invitación y abrióse así un cauce de colaboración que dio sus mejores frutos en los siguientes números.

Se puede decir que alcanzamos el cénit de nuestras actividades durante el Cuarto Erizo. Para empezar nos esforzamos por ser mejores. Por ejemplo, supimos ser sensibles a las voces femeninas que clamaban por ver algo más de su gusto en nuestra revista y colocamos a Cecilio (el otro Cecilio) en la contraportada, un maromo bien dotado, de verga casi tan larga como los esquís que portaba. Nos uníamos así al regocijo general por la próxima celebración de los Mundiales de Esquí 95, celebrados en 96, como bien recordaréis.

 

Para presentar este cuarto número cambiamos de local y volvimos al Tornillo (el bipartidismo, que ya existía), donde en una irrepetible jam session, actuaron los componentes de varios grupos granadinos en una banda formada para la ocasión. Llamó mucho la atención de este número, sobre todo su portada, con una foto que recogía a una hermosa mujer vestida de torero, castamente cubierta de cintura para arriba. La revista se vendía bien y comenzaba a ser conocida y reconocida fuera de nuestra ciudad. Mientras tanto, el Taller de Relatos no paraba. No olvidaremos jamás es que durante este periodo nos montamos nosotros solitos la IV Semana del Humor del Ayuntamiento, bajo el modoso lema de «Humor, erotismo, pornografía y otras pestes». Hacía un frío que pelaba en la antigua capilla de las Hermanitas de los pobres (por cierto, vaya sitio para hablar y ver erotismo, pornografía o como se llame). La humedad era tal que, de tanto en tanto, se caía alguna de las cartulinas que colgaban de las paredes con cómic eróticos de las mejores plumas nacionales. Todavía recordamos muy bien las colas ante la puerta antes de las proyecciones de cine porno español antiguo. Invitamos a personalidades tan populares como Luis García Berlanga, Paco Clavel, Moncho Alpuente, Juan Eslava o Cristina Almeida. En la conferencia donde habló esta última no cabía ni un alfiler. Mucho éxito tuvieron también los cuentacuentos, sobre todo la de unos tipos bastante chiflados de Barcelona llamados Accidents Polipoètics y los números de nuestro incondicional Jesús Herrera.

 

Quinto Erizo, abril de 1995, presentación en la Sala Comedia, con música a cargo de Los Sabuesos y poesía (donde se dio a leer un irrepetible e irreverente romance dedicado a la inminente boda de la Infanta Elena, firmado por Alfonso Javier Bécquer). En este número apareció una nueva sección llamada ¡Correos!, donde recogíamos cartas enviadas desde toda España. El Erizo había crecido mucho, sobre todo gracias a una reseña aparecida en Ajoblanco, que tuvo mucho eco, incluso, en el norte del país. Contactamos con otras revistas, como el Mono gráfico, de Burgos, o Muac, de Madrid. El Erizo se abría todavía más, para acoger a nuevos aficionados de la jodienda (que no tiene enmienda).

A las pocas semanas de salir nuestro quinto erizo, hubo Elecciones o, mejor dicho, Erecciones Municipales, que es como nosotros las denominamos, concurrimos a los comicios bajo el lema «Antes morir de risa que vivir con el rabo entre las piernas». Nuestro candidato, Cecilio Quiero Beber, mostraba sin ningún pudor la que era su única arma política: un falo que le llegaba hasta los dientes, como dice la coplilla. La cosa llamó la atención lo suyo. Tuvimos nuestro espacio político hasta en el ABC y Onda Cero, que nos llamó de todo por la falta de respeto y «reírnos de la democracia». Quien no aguante una broma que se vaya del pueblo, diría nuestro admirado Gila. Hicimos campaña, con programa erectoral, mítines multitudinarios y vídeo de campaña (que proyectamos en el pub Liberia), paseamos a nuestro candidato por toda Granada, repartimos nuestras papeletas y nos consta que hubo más de uno que nos votó. No pudimos constatar cuál fue el grado de seguimiento de nuestras propuestas porque, lástima, los votos fueron considerados nulos.

 

El sexto y último erizo salió en noviembre de 1995, justo dos años después del primero y ocho años antes de éste último que tienes entre las manos. Con él venía la convocatoria del Segundo Concurso de Relato Erótico «Los erizos del Harén» (que nunca se llegó a fallar). En este sexto erizo el abanico de colaboradores se amplió considerablemente. Y afinamos más en la calidad estética, cuestión que progresaba de número en número. Volvimos a nuestros orígenes, el pub Liberia, donde dimos el cerrojazo. Como si de un alegre velatorio se tratase, allí estuvieron Los Vados, una vez más y una Exposición de nuestras mejores portadas y contraportadas decoraron las paredes.

 

Con la muerte del sexto, se acabó la corrida, como tiene que ser. El erizo cerró su concha y permaneció así, enclaustrado en su propio jugo, durante años. Cada miembro del taller tiró por su lado, pero siguieron las aventuras conjuntas: panfletos irrespetuosos como El Siglo de Pericles, la incansable editora independiente Del Vértigo cuyos Cuadernos de la Mala Lengua alcanzarán pronto los cien títulos publicados, recitales, páginas web (laplazahumana.com) y constantes iniciativas que aún hoy en día siguen rodando.

 

Del Erizo tuvimos noticias, eso sí, a través de una curiosa información aparecida en junio de 2001 en el Ideal, cuyo titular decía literalmente: «Granada se queda sin cómic erótico tras cerrar el Erizo Abierto». Y luego, en la información no se nos citaba para nada. En realidad, fue un lápsus del redactor, que en realidad se refería al fanzín hermano «Espuma», cuyo óbito tuvo lugar por esas fechas.

 

El Erizo ha permanecido en estado latente durante ocho años y nos dijeron que deambulan sus números antiguos por librerías de viejo. En este tiempo, muchos nos han pedido resucitar la cabecera. Ya abrimos una rendija para mirar en su interior en la web www.laplazahuma.com, donde todavía pueden consultarse cinco de sus seis números y muy pronto elerizoabierto.com será una realidad continua en la red para dejarlo bien abierto. Ahora, en nuestro décimo aniversario queremos resucitar nuestro Echinus patens en papel para ofrecéroslo en su tinta, más fresco que nunca, para leerlo con una mano. Que aproveche.